viernes, 20 de febrero de 2009

Martires mexicanos, Caballeros de Colón.


Además de la revolución en México, la década de 1920 trajo consigo la persecución en masa de los católicos.

Los misioneros fueron expulsados del país, los seminarios y las escuelas Católicas se cerraron, y a la Iglesia se le prohibió ser dueña de propiedades.

A los sacerdotes y a los laicos se les pidió renuncia a Jesús y a su Fe en público; y al rehusar no solo enfrentaron castigo sino tortura y muerte


Durante esta época de opresión y crueldad, Caballeros de Colón no solo no se fueron de México sino que los 400 miembros en existencia en 1918 se convirtieron en 43 consejos y 6,000 miembros en el espacio de solo cinco anos. En esos tiempos, Caballeros estaba distribuyendo cinco millones de folletos en los cuales se describía la brutalidad del gobierno mexicano hacia los Católicos. Como resultado, el temor del gobierno mexicano hacia la Orden llego hasta tal extremo que eventualmente la declaró fuera de la ley.

Miles de hombres, muchos de los cuales eran Caballeros, no se sometieron a estas amenazas ni renunciaron a su Fe; y por esto, a menudo, pagaron con sus vidas.
Adoptaron esta posición cuando fue lo mas difícil de hacer, y su valor y devoción han hecho eco a través de la décadas.

A continuación se encuentran algunas de las historias de los Caballeros de Colón que se unieron a las filas de mártires mexicanos que se encuentran entre las 25 victimas de la persecución religiosa y quienes fueron canonizados por el Papa Juan Pablo II en el año 2000.


El Padre Miguel de la Mora de la Mora de Colima, miembro del Consejo 2140, quien en compañía de varios otros sacerdotes firmo públicamente una carta oponiéndose a las leyes ante-religiosas promulgadas por el gobierno, fue arrestado dentro de poco tiempo, y mientras su hermano Regino miraba, el Padre de la Mora fue ejecutado, sin previo juicio, con una bala disparada por un oficial militar mientras el sacerdote rezaba su rosario. Sucedió el 7 de agosto de 1927.



El Padre Pedro de Jesús Maldonado Lucero, miembro del Consejo 2419, fue forzado a estudiar para el sacerdocio en El Paso, Texas, debido a la situación política en México, volvió a su casa después de haber sido ordenado, a pesar de los riesgos.
Lo capturaron en el miércoles de cenizas, en 1937, mientras distribuía las cenizas entre los fieles. El Padre Maldonado Lucero fue tan bárbaramente apaleado que uno de sus ojos se salio de su cuenca. Murió al día siguiente en un hospital local. La lápida de su tumba describe al mártir con cuatro palabras: "Tu eres un sacerdote".


El Padre José Maria Robles Hurtado, miembro del Consejo 1979, fue ordenado en 1013 y fundó las Hermanas del Sagrado Corazón de Jesús en Guadalajara cuanto tenía solamente 25 años.
El 25 de junio de 1927 fue arrestado cuando se preparaba para celebrar la misa. Muy temprano en la mañana al día siguiente lo colgaron de un roble pero no antes de que el perdonara a sus verdugos y dijera una oración por su parroquia.
Llegó hasta el extremo de colocarse el mismo la soga alrededor de su propio cuello para que ninguno de sus captores tuviera que vivir con el titulo de asesino.


Padre Rodrigo Aguilar Alemán de Unión de Tula en Jalisco, miembro del Consejo 2330. Al emitirse el documento para su arresto, se refugio en el Colegio de San Ignacio en Ejutla en donde celebraba Misa y daba los sacramentos.

En vez de huir cuando llegaron los soldados, el Padre Aguilar se quedó en el seminario para quemar las listas con los nombres de los seminaristas, para protegerlos. Cuando los soldados le pidieron que se identificara solamente les dijo que era un sacerdote. Lo llevaron a la plaza mayor de Ejutla en donde estaba ubicado el Seminario. Públicamente perdono a sus verdugos y entonces uno de los soldados le dio una oportunidad para salvarse si daba la respuesta "apropiada" a la pregunta "¿Quién va?" El Padre Aguilar Alemán habría sido perdonado si solamente hubiese contestado "Que viva el gobierno supremo", pero el replicó, "Cristo Rey y Nuestra Señora de Guadalupe".

El lazo corredizo atado a un árbol de mango se apretó y se soltó dos veces y cada vez que se soltaba le hacían la misma pregunta y el les brindaba la misma respuesta. A la tercera vez, el nudo se apretó causándole la muerte.


El Padre Luis Batiz Sainz nació en 1870, miembro del Consejo 2367. El 15 de agosto de 1926 en Chalchihuites, Zacatecas, el y otros tres laicos, David Rolda, que tenia en ese entonces solamente 19 anos de edad , Salvador Lara y Manuel Morales fueron puestos al frente de una escuadra de descarga por rehusar obedecer las leyes en contra de la religión.
Cuando el Padre Batiz Sains les pidió a los soldados que pusieran en libertad a uno de los cautivos, Manuel Morales, quien tenía hijos e hijas, Morales no quiso aceptarlo. "Estoy muriendo por Dios" declaro, "Y Dios cuidara de mis hijos". Sonriendo, el Padre Batiz Sainz le dio la absolución y dijo: "Te veo en el cielo".
Padre Mateo Correa Magallanes

El Padre Correa Magallanes, miembro del Consejo 2140, fue arrestado y llevado a Durango. Mientras estaba en la prisión, el comandante en jefe le ordeno el 5 de febrero de 1927 que confesara al resto de los presos.
Entonces el comandante le ordenó que le dijera lo que le habían dicho. Por supuesto el Padre Correa Magallanes no pudo violar el secreto de la confesión y, por lo tanto, al día siguiente lo llevaron al cementerio del pueblo en donde fue ejecutado por los soldados.

Padre José T. Rangel Montaño

Padre Andrés Solá Molist
En 2005, otros dos Caballeros también mártires mexicanos, fueron beatificados, José Trinidad Rangel Montano, sacerdote diocesano de León y miembro del Consejo 2484, y el Padre Andrés Sola Molist, sacerdote claretiano español, miembro del Consejo 1963. Ambos fueron ejecutados por su Fe en abril de 1927, en el Rancho de San Joaquín, México.
Estos hombres y miles más, pagaron el sacrificio supremo por sus actividades Católicas en México durante los años 1920 y los años 1930. Pero a través de este periodo, Caballeros de Colón en México mantuvieron la Fe y cientos de ellos dieron sus vidas para proteger sus creencias, algunos como mártires y otros en la lucha armada de los Cristeros en contra del gobierno.

Aunque siempre prefirió una lucha pacifica en contra del gobierno, el Papa Pío XI alabo el trabajo de Caballeros en México en su encíclica de 1926, Iniques Afflictisque, y escribió lo siguiente: “Caballeros de Colon es una organización que se encuentra en todos los estados de la republica mexicana y afortunadamente esta compuesta de miembros activos y trabajadores, quienes, como resultado de sus vidas practicas y abierta profesión a la Fe, al igual que su celo en asistir a la Iglesia, han ganado los honores merecidos”.

Caballeros y la Iglesia en general en México han sido apoyados consistentemente por Caballeros en los Estados Unidos, quienes, además de distribuir literatura que mantuvo a los Americanos informados con respecto a los apuros de la Iglesia en México, trataron de influenciar al Presidente Coolidge para que pusiera presión con objeto de terminar la persecución .
En 1926, Coolidge se reunió con una delegación de Caballeros de Colón compuesta por, entre otros, el Caballero Supremo James Flaherty, el futuro Caballero Supremo, Luke Hart, y el Director Supremo William Prout. Coolidge confirmo el compromiso hecho por su administración con el objeto de resolver los problemas en México.
Aunque Caballeros había sido declarado fuera de la ley en México, con cientos de muertos--aun Columbia, la revista de la Orden se prohibió temporalmente--Caballeros de Colón sobrevivió. En el año 2005, durante la Convención del Centenario en la Ciudad de México, el Caballero Supremo, Carl Anderson, declaró que los Caballeros en México “son incomparables” en su devoción a los “ideales de nuestra fundación y en su devoción a la familia.

Caballeros de Colón en la Procesión de Corpus Christi 2008 en la Ciudad de México.













































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